Un paisaje que a muchos enamora.
En el cerro donde se sitúa el Castillo de Burgos se encuentran los orígenes de la ciudad. Desde el que se puede contemplar un estupendo paisaje de toda la ciudad. Lugar que fue elegido seguramente por ser una colina desde donde se divisa el resto de la ciudad y la llanura del río Arlanzón. Las vistas desde el mirador hacen que este lugar sea un punto de encuentro para los turistas y los burgaleses.
Las intervenciones arqueológicas realizadas permiten visitar hoy lo que queda del primitivo castillo.
El castillo de Burgos.
Uno de los tesoros que alberga la ciudad de Burgos es su castillo. Hoy es un parque, lugar de recreo desde donde se puede contemplar un magnífico paisaje de la ciudad burgalesa. Su historia es larga y sus reconstrucciones han sido varias desde su destrucción. Se encuentra en el Cerro de San Miguel, elevado 75 metros sobre el nivel de la ciudad, y tuvo un papel importante en la historia de la ciudad. Durante el reinado de Alfonso III, en el año 884, con la fundación de la ciudad de Burgos.
Su historia.
Desde los tiempos del conde Diego Rodríguez, la ciudad ganaba importancia, por lo que se hacía necesaria una gran fortaleza. Las fortificaciones que se construyeron, según algunos, transmitían fuerza y aportaban seguridad. Fueron levantadas durante el reinado de Alfonso III. Se convirtió en gran alcázar Real, lugar de prisión, y lugar de alojamiento para notables huéspedes.
Con la invasión napoleónica los soldados franceses establecieron en él su batería imperial, en lo que ahora es el pabellón arqueológico. Conociendo la fragilidad de la parte norte de la fortaleza, ya que allí se concentran la mayor parte de las galerías subterráneas. Por lo que se instalaron en el cerro de San Miguel y construyeron un avance defensivo conocido como hornabeque.
Cuatro años después, y con su retirada, el castillo fue testigo de los últimos preparativos que el contingente galo, vencido, realizó antes de su marcha definitiva. Los ejércitos ocupantes trabajaron sin descanso en el interior del Castillo. El objetivo era hacer desaparecer cualquier material, bélico o documental, que pudiera serle útil al enemigo; el procedimiento elegido fue volar la fortaleza. En el año 1913 fue destruido por el ejército de Napoleón antes de que abandonaran la ciudad. Produciendo además, debido a su explosión con pólvora, daños en la cercana iglesia de San Esteban.
Lo hicieron saltar por los aires sin dar tiempo a la evacuación de los últimos soldados. Más de doscientos militares franceses murieron en la explosión, que estremeció a toda la población.
La iglesia de Santa María La Blanca quedó destruida, se perdió buena parte de las vidrieras de la catedral y se produjeron daños en el antepecho de la torre del crucero así como en la iglesia de San Esteban mientras, en la chopera del Carmen, se localizaron bastantes cadáveres de soldados franceses.
La reconstrucción final del castillo se produjo a finales del siglo XV o a principios del siglo XVI.
La reconstrucción parcial de la fortaleza ha permitido su habilitación como museo, abierto al público en 2003, o centro de interpretación, pudiendo visitarse también el pozo y las galerías subterráneas, conocidas como Cueva del Moro.
Descripción del castillo.
Frente a la puerta principal del castillo se levantaba el templo de Nuestra Señora la Blanca.
Cuenta la tradición que el conde Diego Porcelos, fundador de la ciudad, mandó construir una pequeña iglesia en el lugar donde una imagen de Nuestra Señora, oculta en una cueva en lo alto del cerro, fue encontrada por su hija, doña Blanca. Durante la Edad Media fue una de las parroquias más importantes de la ciudad y permaneció activa hasta la Guerra de la Independencia.
Las murallas exteriores de la fortaleza del castillo conforman dos recintos concéntricos. Tienen una planta triangular, con un lado recto y dos curvos que convergen en la hoy puerta principal, con un perímetro total de 180 metros y hasta 10 metros de altura. Destacando cinco cubos o torreones, de los cuales el descubierto en 1995 es de considerable antigüedad. El interior está constituido por una muralla de gran potencia, unos 2,30 metros de ancho, con torres distribuidas en su contorno, que actúan como elementos de defensa y contrafuerte. También podemos encontrar torres de plantas circulares y rectangulares, adosadas a la muralla y exentas. La torre albarrana se unía a la muralla en su parte superior por un paso de madera o un arco. El recinto exterior es de menor altura y su función es dificultar el ataque directo al recinto principal. Esta muralla se complementa con otros elementos defensivos, como torre, foso y la propia topografía del terreno.
El castillo no tiene torre del Homenaje, que es un elemento emblemático de los castillos medievales. Pero en su lugar se levantó un palacio que se utilizó como residencia real (Palacio de Alfonso X). Los viajeros de otros tiempos describen el palacio como un edificio porticado con tres pisos abiertos al patio de armas; el interior está decorado con motivos estucados mudéjares, algunos de estos motivos los podemos contemplar actualmente en el Arco de Santa María, que es la entrada principal de la antigua ciudad medieval de Burgos.
El pozo, una verdadera obra de ingeniería medieval, abastecía de agua a los habitantes del castillo. Está formado por un cilindro central de 63,5 metros de profundidad, cercado por seis husillos con escaleras de caracol que se comunican entre sí mediante pequeños pasillos concéntricos al pozo. Tenía por finalidad el descenso al fondo del pozo para su limpieza y mantenimiento. Está realizado en su totalidad con sillares perfectamente escuadrados.
Contiene restos de un foso seco, especialmente visible delante de la puerta principal, con señales del anclaje de un puente levadizo.
La Cueva del Moro es un estrecho pasillo tallado en la roca que comunica el pozo con una cueva situada en los dos recintos amurallados del castillo. La función de esta galería parece estar relacionada con la defensa del pozo. En los asedios uno de los principales objetivos de los atacantes era evitar el abastecimiento de agua de los asediados. En el castillo de Burgos, existía la posibilidad de envenenar el agua accediendo al pozo a través de minas subterráneas. Por tanto la defensa a esta estrategia es crear una “contramina” que impida al enemigo acceder al pozo. Para completar este complejo sistema defensivo, la galería “cueva del moro” se refuerza con trampas: en los dos extremos de la galería se abren dos profundos fosos difíciles de salvar.
Visitas al castillo de Burgos.
Actualmente su estado de conservación se encuentra en estado de ruina consolidada. Se destina a uso turístico. Su visita pretende ser un exhaustivo recorrido por la historia de la ciudad a través de su fortaleza.
Si se desea, podemos encontrar a nuestra disposición visitas por el exterior y por el interior del castillo. Por el exterior del castillo encontramos en todo momento numerosas señales de orientación con las que sacar el mayor rendimiento a la visita. La visita por las pasarelas y el museo está adaptada para permitir la visita de disminuidos físicos.
La visita al castillo, propiamente dicha, se inicia en el extremo suroeste del Patio de Armas y continúa por el recinto interior del castillo hasta llegar al ángulo sureste del recinto exterior, donde se sitúa el mirador que permite contemplar la Puerta sur.
El recorrido continúa en dirección norte entre el palacio de Alfonso X y la muralla interior, hasta alcanzar las escaleras que permiten la subida a las murallas. Si giramos al sur se obtiene una perspectiva adecuada del palacio y si lo hacemos al norte nos topamos con una amplia panorámica de la ciudad y de la fortaleza.
El recorrido continúa en dirección norte entre el palacio de Alfonso X y la muralla interior, hasta alcanzar las escaleras que permiten la subida a las murallas. Si giramos al sur se obtiene una perspectiva adecuada del palacio y si lo hacemos al norte nos topamos con una amplia panorámica de la ciudad y de la fortaleza.
Una vez realizado este recorrido se desciende hasta el patio de armas, donde el trayecto discurre paralelo al cuartel del este hasta girar para alcanzar el pabellón arqueológico.
La visita a las entrañas del castillo y del cerro sobre el que se asienta constituye uno de los principales atractivos de este itinerario que comienza en la llamada Cueva del Moro. La ruta por el interior del castillo comienza con el descenso a la galería principal, a la que se accede por la Cueva del Moro. Tras salvar un primer desnivel de siete metros y medio en cuatro tramos de escalera, se llega a la galería principal que tiene sesenta metros de longitud.
La visita a las entrañas del castillo y del cerro sobre el que se asienta constituye uno de los principales atractivos de este itinerario que comienza en la llamada Cueva del Moro. La ruta por el interior del castillo comienza con el descenso a la galería principal, a la que se accede por la Cueva del Moro. Tras salvar un primer desnivel de siete metros y medio en cuatro tramos de escalera, se llega a la galería principal que tiene sesenta metros de longitud.
El acceso a la parte baja del pozo a través de las escaleras y husillos es hoy imposible dado el deterioro de toda la estructura.
La visita termina ascendiendo por la escalera de caracol hasta el brocal del pozo.
La galería consta de 60 metros de trayectoria visitable con una altura mínima de un metro y 55 centímetros y una anchura mínima de un metro.
Además podemos encontrar diferentes tarifas según la fecha y hora del día de la visita, también tarifas reducidas para jóvenes, grupos de personas y estudiantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario